De una página a otra con mi abuelo

Hace algunos años, en la defensa de mi tesina de final de máster, mi abuelo presumió de nieta. Al terminar la defensa y recibir la nota, mi abuelo se acercó al catedrático más respetado del departamento, que acababa de valorar mi tesina, y le dijo con orgullo:

– Yo soy su abuelo.

El catedrático le preguntó si le había gustado la defensa y, con una sonrisa, mi abuelo respondió que no había entendido nada (no hablaba inglés). Se dejó por decir que casi se había dormido y que mi madre le había tenido que dar golpecitos por detrás para evitar que empezara a roncar.

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Poco después del fallecimiento de mi abuelo me vi leyendo libros sobre la pérdida y el duelo. No lo hice de forma consciente. Creía que la pérdida de mi abuelo era algo mío, personal, que nadie iba a entender el dolor que yo sentía por esa pérdida, mi pérdida. Pero nos guste o no, la muerte es algo universal y aunque nadie siente de la misma manera, los que nos quedamos compartimos algo que nos une en la tristeza, el vacío que deja el que se va. Así, encontré escritores y escritoras que habían exorcizado su pérdida escribiendo, ya que como dice Rosa Montero: “El arte en general, y la literatura en particular, son armas poderosas contra el Mal y el Dolor.” (119)

El primer libro sobre la pérdida lo adquirí meses antes de que mi abuelo se fuera. Lo compré en Barcelona como quien compra un abrigo fuera de temporada porque intuye que lo necesitará cuando llegue el frío. Y así fue. La ridícula idea de no volver a verte me conmovió y me abrigó a partes iguales. Además, me acercó a la gran mujer que fue Marie Curie y a su pérdida particular. Agradezco a Rosa Montero el compartir este libro con sus lectores después de ver cómo se iba su compañero. Seguro que no fue nada fácil.

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He aquí dos de las ideas más poderosas que he aprendido de La ridícula idea de no volver a verte. Primero, ser consciente de que la persona ya no está físicamente es todo un proceso y al principio resulta muy chocante. Montero lo resume de forma perfecta en la pregunta: “¿Pero cómo es posible que no esté? Esa persona que tanto espacio ocupaba en el mundo, ¿dónde se ha metido?” (25). El mismo día del entierro de mi abuelo, al volver del cementerio, me vi pensando que no debíamos volver muy tarde a casa porque a él le gustaba comer temprano.

En segundo lugar, la idea de que nadie es feliz de forma permanente a pesar de los esfuerzos que se hacen por demostrar lo contrario (véanse las redes sociales). A todo el mundo le pasan cosas terribles, indeseables, tontas. La felicidad no existe como estado constante, solamente tenemos momentos que surgen de nuestras decisiones o puras casualidades que tienen lugar en nuestra vida y resulta que nos hacen felices o nos hunden en la miseria. “[N]o existe una sola vida sin su cuota de mugre” (181).

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Como dijo Patti Smith en el documental Dream of Life, “la vida es una aventura que nosotros mismos diseñamos, en la que se intercala el destino en una serie de afortunados y desafortunados accidentes” (mi traducción de “Life is an adventure of our own design, intersected by fate in a series of lucky and unlucky accidents.”)

El segundo libro que leí sobre la pérdida fue Nora Webster de Colm Tóibín gracias a este podcast en The Guardian. La protagonista que da nombre a la novela es una reciente viuda que ha de sobrellevar su pérdida con el cuidado de sus cuatro hijos, a los que ha de educar sola. En el libro, encontramos la devastadora realidad de multitud de mujeres que han tejido sus vidas tan fuertemente a la existencia de sus maridos que son casi un solo cuerpo. Al morir ellos, estas mujeres se sienten desorientadas, perdidas, pues les han arrancado brutalmente una parte de sí mismas: “su problema era que ahora estaba sola y que no tenía la menor idea de cómo vivir” (mi traducción de “the problem for her was that she was on her own now and that she had no idea how to live” 72). Tóibin hablaba de su madre pero yo me asomé al dolor de otra mujer cercana a mí.

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Sin querer sucumbir a las expectativas de sus vecinos y las ideas preconcebidas sobre las viudas en la Irlanda de 1960, Nora descubre su capacidad de seguir viviendo. Acompañarla en el proceso, ser testigo privilegiado de los momentos íntimos con sus hijos o su inusitado amor por la música en la tienda de vinilos nos abre los ojos. Se puede seguir viviendo, aunque sea de otra manera, y tener instantes de felicidad después de ver tan de cerca a la muerte.

Es de sobras conocida la faceta destructora que puede tener la muerte, el duelo, la tristeza, el vacío y el dolor. Pero pocas veces se habla de la belleza del duelo, de que el duelo puede ser hermoso. El amor incondicional, la amistad de quien te acompaña en el dolor, los recuerdos que quedan, la fuerza que te empuja para seguir viviendo. Descubrir nuevas facetas en nosotros mismos o ver las cosas de manera distinta. Al poco de entender esto sentí que alguien con una sonrisa pícara muy familiar me susurraba lo que mi abuelo solía decirme cuando compartía con él alguno de mis descubrimientos: “qué grande eres, Alba”.

Mis próximas lecturas serán el diario que escribió Joan Didion tras la muerte de su marido en The Year of Magical Thinking y También esto pasará de Milena Busquets. La pérdida de un ser querido nos descubre lo ridícula, bella y mágica que puede ser la muerte y nos da una perspectiva más real, más viva, de la vida.

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*Mi abuelo sobrevivió a una guerra civil, a una posguerra y a un régimen franquista que le robó gran parte de su vida, a una dura transición y a una situación económica muy austera, a un cáncer de próstata, otro cáncer de garganta, y al final el maldito Párkinson le ganó la batalla. Gracias, abuelo, por enseñarme a no rendirme nunca.
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3 respuestas a De una página a otra con mi abuelo

  1. lourdes álvarez dijo:

    Muy bellas y sabias palabras.
    Un mensaje conmovedor que invita a reflexionar sobre un tema casi tabú en nuestra sociedad.
    Gracias por ayudar a desmitificar la muerte y sus circunstancias.
    Gracias por recordarnos el valor de la amistad y las artes, como la literatura, el cine, la música… como antídotos contra el dolor de la pérdida.
    Gracias por invitar a tu abuelo a tu blog, ¡él nunca se lo hubiera imaginado!

  2. Pingback: Mi 2015 en libros | "There is no frigate like a book"

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