Maternidad y Literatura

A partir de cierta edad, a las mujeres se nos plantea la cansina pregunta de cuando vamos a ser madres. La presión social no acaba ahí, ya que si decides serlo el cómo lo hagas también estará en boca de todo el mundo. No hay respuestas fáciles. Hace unas semanas Patti Smith demostraba que es totalmente viable ser la reina del punk al tiempo que una madre ejemplar. Más tarde Marina Abramovic afirmó que ser madre habría sido un desastre para su obra. Muchas personas reaccionaron atacándola. La discrepancia de opiniones de estas dos mujeres, a las que admiro y respeto profundamente, y el actual debate sobre la maternidad me llevó a reflexionar sobre el tema, y como siempre, me puse a buscar respuestas en la ficción.

Para empezar, nuestras madres no fueron como son las madres hoy en día. La maternidad es un concepto en constante evolución, y a pesar de ser un tema tan recurrente, a menudo se da por sobreentendido o es ninguneado, sobre todo en los mundos de ficción. A pesar de ello, las madres en la literatura nos pueden enseñar mucho sobre la condición humana.

En los cuentos tradicionales como La Cenicienta o La bella durmiente, las madres son las grandes ausentes, o desaparecen de forma trágica o son reemplazadas por un ser cruel y manipulador que arruina la vidadisney del resto de personajes. La orfandad es una capa con una doble función: marca a los protagonistas como víctimas vulnerables al principio de la historia y, al mismo tiempo, cuando salen victoriosos de todas sus vicisitudes al final, los convierte en héroes invencibles.

En ausencia de la madre es previsible que aparezca una sustituta: la madrastra. Hay pocas palabras con más connotaciones negativas y, curiosamente, también están relacionadas con la capacidad de reproducción de las mujeres. La madrastra arrastra. Arrastra al padre, a los hijastros, al maltrato y al infortunio. Esta enemiga de manual es el reemplazo que ha encontrado el padre para llenar el vacío de la madre, de lo “natural”. Es un obstáculo entre el padre y la hija, que Freud nos pille confesados. Esta teoría refuerza otra idea grabada a fuego en los cuentos tradicionales, sólo los genes pueden consolidar una amistad femenina. Idea no muy alejada al empeño acual de algunos de querer enfrentar a mujeres entre sí. Entre mis amistades se encuentran mujeres a las que no voy a insultar llamando madrastras. Os aconsejo que hagáis lo mismo y nunca dejéis que nadie os diga de quién podéis ser amig@s.

Descartando la aburrida fragilidad y esa tendencia a desaparecer que caracteriza a las madres de los cuentos tradicionales, he elaborado una lista con algunas de estas mujeres legendarias que pueblan la ficción más reciente.

Marmee March en Mujercitas (de Louisa May Alcott)

Empiezo light. La señoralittle-women March simboliza la madre perfecta en el sentido más tradicional de la palabra. Cuida a sus hijas, de la casa y mantiene a la familia unida mientras el padre lucha en la Guerra Civil de Estados Unidos. Reparto convencional de roles en una familia americana, vaya. Marmee es un referente para sus hijas, las envuelve de ternura, hace que se apoyen entre ellas, pero también les marca ciertos límites. Las inspira y anima a perseguir sus sueños y a no dejar nunca de aprender, como Jo con la escritura. Esta actitud es realmente elogiable para 1860, época en la que los roles femeninos estaban limitados y por lo que podríamos considerar a esta madre como feminista antes de que este término se acuñara, por eso la llamaremos proto-feminista. De todos modos, el personaje que nos ocupa se define básicamente por su capacidad de sacrificio total por los demás y por no evolucionar, Marmee es buena por naturaleza de principio a fin y eso resulta predecible y, por ende, aburrido.

Suyuwan Woo en El club de la buena estrella (de Amy Tan)

En realidad son cuatro las madres que encontramos en esta preciosa novela coral. Suyuwan, originaria de China, es la madre de  la protagonista  June Woo, medio china medio americana. Cada madre en la novela vive de manera diferente su maternidad, pero todas comparten una característica fundjoy-club-okamental que las une en su circunstancia: el amor desproporcionado por sus hijas. Este amor toma a menudo la forma de crítica y refleja el miedo universal que sienten las madres immigrantes, a que sus hijas quieran desembarazarse de sus raíces y asuman una identidad diferente. La distancia insalvable que hay entre las madres e hijas de la novela refleja la dificultad a la hora de integrarse en una cultura nueva sin olvidar la cultura de la que procedemos. La actitud positiva, la fuerza de voluntad y la fe ciega en el talento de su hija convierten a Suyuwan en una mujer aventurera y valiente, denominador común en todas las madres que deciden criar a sus hijos lejos de su propio país.

La señora Flax en Sirenas (de Patty Dann)

Que una mujer dedique mucho tiempo a divertirse siempre se ha visto como egoísta y poco maternal, y por ende, poco femenino. Una madre ideal debe anteponer el bienestar supremo de sus retoños mermaidsoky complacer a todo el mundo a sus propios intereses. Asimismo, la madre perfecta sólo debe relacionarse con gente de bien y crear el hogar perfecto junto a su marido. A la señora Flax esto le trae sin cuidado, se viste y anda como y con quien le viene en gana y no tiene problema en mudarse muy a menudo al siguiente pueblo. Este comportamiento saca de quicio a su hija mayor Charlotte, que detesta a su madre no convencional de manera incondicional. Además, Kate, la hija menor, sigue los pasos de Juan Luis Guerra, y quiere ser un pez. La señora Flax carece de otra característica inherente a las madres perfectas, la capacidad innata de alimentar a todo ser viviente con manjares muy elaborados, ya que lo único que prepara para cenar son vistosos aperitivos.

Puede que la señora Flax peque de extravagancia y un acusado amor por los vestidos de lunares, quizás Kate debería ver un psicólogo, pero lo más interesante de esta madre su plasticidad: se puede ser madre y no perder la propia identidad en el proceso.

Catelyn Stark en Canción de Hielo y Fuego (de George R. R. Martin)

Catelyn es una leona en todos los sentidos. Protege a sus cinco hijos con determinación y no teme secuestrar a su archienemigo Jaime Lannister o entrar en combate para defender a su familia. Refuerza y apoya en la guerra a los hombres a los que ama, primero a su marido Eddard y después a su primogénito Robb. Y aún así, Catelyn no se caracteriza únicamente por su capacidad de apoyar a otros. A pesar de que esta historia acontece en una época decatelyn fantasía, para los lectores, una madre que comparte el poder político con su marido y comenta con él circunstancias que podrían cambiar la vida de todos resulta muy innovador. Además, la señora Stark no es perfecta y eso es lo que la hace más interesante. Catelyn es afectuosa a la vez que estricta con sus hijos y ama incondicionalmente a Eddard Stark, pero es incapaz de querer a Jon Snow, el hijo ilegítimo que su marido trajo a la familia, y el recordatorio de la única vez que Eddard supuestamente le falló. Esta madre es humana y comete errores, sabe escuchar a quien parece ser el enemigo de su casa, Tyrion Lannister, y aprender de él, pero siempre toma sus propias decisiones y no se resigna ni cuando acaece lo irreparable.

George R. R. Martin nos deleita igualmente con otras madres en la conocida saga Canción de Hielo y Fuego. Cabe destacar la poderosa Cersei Lannister, madre de tres hijos frutos de la relación con su hermano Jaime, así como la madre de dragones Daenerys Targaryen.

Ma en Room (de Emma Donoghue)

Secuestrar a alguien, encerrarlo en un sótano durante años y abusar de esa persona regularmente es abominable. Desgraciadamente todos conocemos varios casos. Así empieza Room. A pesar de esta terrible primera premisa, el secuestro no es el tema principal. Los lectores disfrutarán del libro y únicamente se sentirán incómodos cuando Old Nick entre en escena (“Old Nick” es otro de los nombres con los que se conoce a Satanás en la Biblia). Si es cierto que el cautiverio de Joy es una aberración, la protagonista consigue no solamente sobrevivir sino disfrutar de pequeños momentos felices con su hijo Jack.

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El hecho de que el secuestro quede en un segundo plano se debe a que la autora se centra en la relación tan especial que se crea entre madre e hijo, son un equipo invencible. ¿Cómo puede funcionar una historia así sin perder credibilidad? La historia se narra desde la perspectiva del niño de cinco años cuyo universo consiste únicamente de la habitación que comparte con su madre desde que nació. En esta maniobra narrativa, cabe destacar la pérdida de identidad de Joy al entrar en ese universo paralelo para, más adelante y en ojos de Jack, convertirse en Ma.

La circunstancia que vive Joy nos plantea muchas cuestiones. Mentiría si afirmara que nunca juzgué a la protagonista por decidir no abortar tras ser víctima de repetidas violaciones por parte de Old Nick. A medida que iba avanzando en la lectura, mi primera reacción mutó. Probablemente Joy hubiera fallecido al intentar practicarse ella sola un aborto. Quizás la decisión de dar a luz a Jack mantuvo en vida a Joy a lo largo de su secuestro.

Lo más impresionante del relato es como Ma logra educar a Jack sin ninguna ayuda externa. Si es cierto que hay momentos en los que Ma “está apagada”, como dice su hijo, el resto del tiempo es una madre excepcional. Ma se asegura que su hijo haga deporte y sea amable y cuidadoso, nutre su imaginación con numerosas historias y estimula su inteligencia con las complejas palabras que pueblan las conversaciones que tienen sobre la existencia. El amor que siente Ma por Jack es incondicional y feroz. Y Jack desprende la luz que empodera a Ma en la oscuridad.

 

He escogido mujeres cuidadoras, aventureras, luchadoras, alocadas y heroínas. Pero lo que cuenta es lo que tú elijas, tus decisiones. Lo que nos enseñan estas madres es maravilloso: la maternidad, ya sea en la ficción o en la realidad, implica multiplicidad, significa diversidad. No hay dos personas iguales. Existen tantas “feminidades” como personas. Y hasta me atrevería a decir que hay tantas madres como personas en el mundo, si leéis Banana Yoshimoto entenderéis porqué abro el abanico del género. La condición humana es plural por definición.

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De la misma manera, una mujer no se define por el hecho de ser madre o no serlo. Ser madre ha de ser una opción que, quien decida serlo, pueda ejercer libremente.

Precisamente de esa lucha interior trata el lúcido ensayo de  Elif Shafak   Black Milk: On Writing, Motherhood, and the Harem Within. No os podría recomendar más este libro.

Empecé con las míticas Marina Abramovic y Patti Smith. Más cercana nos resulta Amanda Palmer, una artista también como la copa de un pino, que con su  actitud se está convirtiendo en un referente, no solamente por su música, sino por la sinceridad extrema que la caracteriza. Durante y después de su embarazo, Amanda compartió en su blog la inquietud que sentía cuando pensaba en su futuro papel de madre. Palmer también compartió con sus seguidores un correo electrónico de un “fan preocupado” por si la calidad de la música de esta compositora se vería afectada por su maternidad. Me pregunto si ese seguidor tendría las mismas dudas si estuviéramos hablando de un artista viviendo su paternidad.

Abramovic expresó libremente su opinión sobre la maternidad. Reaccionar con ataques a una artista tan grande como ella sólo inicia una inútil e inmadura discusión que no lleva a ninguna parte. Personalmente creo que los ataques tan feroces provienen de un interés por querer elegir lo que hacen las mujeres, sus cuerpos, sus vidas, que como vemos, están en boca de todos. Muchos se creen con derecho a opinar y decidir sobre ellos. Y esto se ha de acabar.

¿Por qué debemos estar a favor o en contra de la opinión de una persona? Lo que para unas puede funcionar, no será tan ideal para otras. Pero ahí radica la lucha, en poder elegir. Cada persona habla desde su experiencia y su sentir. Si no coincidimos con la opinión de otra persona, lo más inteligente que podemos hacer es establecer una conversación y empezar a debatir, no destruir, y muchísimo menos entre mujeres.

En lugar de lanzar el dardo: “¿Cuando vas a ser madre?”, deberíamos defender la libertad de poder escoger serlo, dejar juicios morales aparte y apoyar las decisiones que toman las mujeres que nos rodean.

 amanda

Lecturas adicionales recomendadas:

Kitchen de Banana Yoshimoto, Paula y La casa de los espíritus de Isabel Allende, Nora Webster de Colm Coibin, El tiempo que nos une de Alejandro Palomas, El despertar de Kate Chopin, Anna Karenina de Leon Tolstoy, La letra escarlata, Nathaniel Hawthorne, Coraline de Neil Gaiman, Cien años de soledad de García Márquez, La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca y Macbeth de William Shakespeare.

 

 


 

He usado fotografías de las adaptaciones cinematográficas o televisivas para ilustrar este post pero soy consciente de las diferencias que existen entre los libros y las películas o series inspiradas en ellos.

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