La locura que salvó a James Rhodes

Primer post con banda sonora, antes de seguir leyendo abrid este enlace:

James Rhodes es un excelente músico británico con una historia tan espeluznante como inspiradora. La genial editorial independiente Blackie Books editó su biografía en castellano en 2015, se titula Instrumental.

Rhodes sufrió abusos sexuales de niño durante años que le causaron graves secuelas mentales y físicas. Casi se perdió en una espiral de autodestrucción, autolesiones y drogas. A raíz de las violaciones, tuvo que someterse a diversas operaciones muy dolorosas y terminó con problemas psicológicos que le llevaron a intentar suicidarse en repetidas ocasiones.

Por suerte, Rhodes logró sobrevivir, y con ayuda de sus amistades y su hijo, se aferró a la vida. Pero lo que realmente lo salvó fue la música. Joder si le salvó. Escuchar a Chopin, Beethoven y muchos otros hasta la extenuación le brindó el ínfimo hilo de esperanza suficiente para salir del pozo donde estaba. Así, no solamente aprendió Rhodes a lidiar con sus fantasmas sino que se convirtió en la persona que siempre había soñado ser: un concertista de piano (que agota las entradas a sus conciertos en cuestión de días) y algo más: un innovador de la música clásica tal y como la conocemos hoy en día.

Existen muchos motivos para leer este libro. Quiero destacar tres que se entremezclan: el cómo está escrito, el estilo; el por qué se escribió, la visibilidad que todavía requiere el tema de los abusos; y la única manera de sobrevivir, la inspiración que despierta al final, la empatía por otros seres humanos.

Es posible que a algunas personas les resulte incómodo, o al menos poco convencional, que un libro contenga tantas palabras vulgares, improperios, o insultos. En mi opinión no es ninguna provocación, tampoco se debe a una falta de educación o a querer escribir de forma guay para llegar mejor a los lectores más jóvenes. Los lectores jóvenes leen libros complejos y hasta se animan a aprender otros idiomas para seguir a sus autores favoritos. Tengamos más fe y confianza en los lectores jóvenes. Rhodes confiere a su libro un estilo muy adecuado.

Cuando se habla de la aberración que son los abusos sexuales a menores el lenguaje convencional que utilizamos en nuestra vida diaria o el que encontramos en los libros está a años luz de esa realidad. No hay palabra ni estilo que pueda encauzar o reflejar lo deleznable de una violación. Yo creo que el lenguaje soez que usa Rhodes nos incomoda porque el tema debería incomodarnos también. No podemos usar un lenguaje convencional porque entonces normalizamos los abusos.

Es necesario hablar de los abusos sexuales. Este delito no es inimaginable, es una realidad y se ha de hablar de ello. Ahora porque está pasando y sí, después de 20 y 30 años también, porque ha pasado. Este tipo de delitos no deberían prescribir nunca. Las personas que lo han sufrido coinciden en el miedo y la culpa que sienten al explicar lo que les hicieron y lo difícil que resulta verbalizarlo. Y a menudo lo hacen más para evitar que les ocurra a otras personas que por cualquier compensación que puedan tener ellas mismas después de tanto tiempo, sobre todo porque el daño ya está hecho. En ese sentido, la ley en España ha de cambiar. No es posible que nuestra cultura permita que el miedo se imponga, de ser así, habremos fracasado como seres humanos.

James Rhodes habla en consonancia a los abusos sexuales. Además, nos hace partícipes de su obsesión por la música con fragmentos sobre la vida de los compositores que le salvaron la vida al inicio de cada capítulo. ¡Si hasta nos regala una lista a todas las piezas que aparecen en el libro! Igual que en sus conciertos, entre pieza y pieza, Rhodes hace lo nunca visto en la música clásica, le habla al público. Busca conexión, contacto social. Así es como se sobrevive.

El éxito de Rhodes es multidimensional. No se ha convertido “solamente” en un concertista reconocido. Lo ha hecho a pesar de haber sufrido muchísimo. Y después de haber recaído varias veces, de haber estado ingresado y neutralizado por los medicamentos. A pesar de no haber recibido ayuda cuando más la necesitaba de quien debería haberle protegido. Y ahora da charlas sobre la confianza. La dimensión que me gusta más del éxito de Rhodes es la que aparece al final del libro, la empatía, la mano tendida a los que, como él, dudan de sí mismos:

“Qué espantoso es tener una pasión que dicta cada segundo de tu vida y carecer de la valentía moral para desarrollarla”.

“How awful to have a passion so intense it dictates your every breath and yet to lack the moral backbone to pursue it.”

Si necesitarais más motivos para leer su libro, Rhodes zarandea la idea de una sociedad comida y tele basura para dedicarnos a lo que realmente nos hace felices.

Instrumental no es solamente una puerta a una realidad dolorosa de abuso y sufrimiento, es la carta de amor que le escribe Rhodse a la música clásica, a Chopin, a Beethoven, a Ravel, a Schubert, a Rachamaninov y muchos más… pero sobre todo, a su hijo.

No os lo perdáis.

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Una respuesta a La locura que salvó a James Rhodes

  1. lourdes álvarez dijo:

    Impacto es la palabra que mejor describe la reacción que produjo en mí Instrumental. Ni la mejor novela, ni el mejor guión, ni el mejor poema podría describir con tanta brutalidad, con tanto dolor y con tanta pasión la trayectoria vital de Rhodes, tan sólo podía hacerlo él y por ello le estoy agradecida.
    Reitera hasta la saciedad su fragilidad como ser humano y, paradójicamente, su bagaje es descomunal. Una se aturde ante tanto desconsuelo junto y le resulta inexplicable que sea humanamente posible convertirlo en un entusiasmo feroz… por la música clásica.
    Gracias, Alba, por tu recomendación literaria, ahora sé más sobre Rhodes, sobre la música y sobre la vida.
    Gracias, James, por tener la valentía de permitirte, como tú dices, “dimitir del puesto de director general de todo el puto universo y, por una vez, ir por ahí sin ser más que una parte de él. A eso se le llama humildad.”

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