La fotografía (Penelope Lively)

Inicio de mi andadura bloguera.

Me gusta pensar que mi historia con este libro es peculiar.

Hace tiempo, cuando todavía trabajaba en cierta librería de Barcelona, una compañera me habló de una nueva editorial llamada Contraseña y su interés por escritoras de habla inglesa que no habían sido traducidas al español. Siguiendo su recomendación, leí Clarosocuro de Nella Larsen. Me gustó tanto que escribí una reseña para el blog de la librería.

Pasados unos días, recibí una llamada mientras estaba trabajando, Editorial Contraseña había leído mi comentario y les había gustado. Felicidad.

Unos meses después de esa llamada decidí mudarme a Viena y tuve que dejar mi trabajo en la librería. En cierta manera fue triste. Pero también me emocionaba el nuevo inicio austríaco.

El pasado junio, en motivo del centenario de mi bisabuela, pasé unos días en Barcelona. Fui a la librería donde solía trabajar en motivo de la presentación de Las flores de Baudelaire, de Gonzalo Garrido -una de las primeras novelas que leí como lectora profesional hace años-. En la presentación tuve la oportunidad de conocer a Gregori Dolz de Editorial Alrevés así como Víctor del Árbol y otros colaboradores de la misma editorial, fueron muy amables al invitarme a su fiesta más tarde y se lo agradezco.

El día que visité la librería, mi antigua jefa me hizo entrega de un paquete de Ed. Contraseña. Contenía un ejemplar de La fotografía, de Penelope Lively y la sugerencia de volver a escribir una reseña. Lástima que me llegara tarde, pero desde luego mi ex colega Cèlia le hizo mucha justicia.

Curiosamente, todo este maremagnum de casualidades sucedió el día 13 de junio, mi 26 cumpleaños. Felicidad absoluta.

Ahí va mi humilde opinión después de haber leído La fotografía de Penelope Lively. Tres aspectos que la convierten en una obra maestra.

Para empezar, la caracterización. Esta historia cava tan hondo en el alma de los personajes que el lector y los mismos personajes descubren la cruda y brutal realidad de sí mismos. Especialmente la desaparecida Kath, una ausente que resulta ser la más presente que cualquier otro personaje de la novela.

En segundo lugar, la autora tiene una capacidad sorprendente de presentar un personaje completamente nuevo casi al final de la novela para correr el velo que todos hemos tenido hasta ahora ante los ojos. No sólo no resulta forzado sino que todo encaja perfectamente.

Cuando empecé a leer la novela, tuve la extraña sensación de que al final, algo cambiaría en mí. Que no sería la misma persona al acabar la historia. Eso es mucha presión para una novela. Pero ha sucedido. Y hasta lo he encontrado escrito en la novela: “la reconstrucción del pasado también la ha ayudado a reconstruir sus propias antiguas certezas. Ella es otra persona y siente de forma diferente.”

Esto es, probablemente, lo más cerca que he estado de la perfección.

Gracias a Editorial Contraseña por su impecable labor editorial y por hacerme llegar esta historia.

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